En viva la música en el día de hoy nos hacemos un repaso a la carrera de la que es estimada una de las bandas musicales con mayor capacidad de convocatoria y sin duda uno de los mejores grupos de rock que jamás hayan existido. Fraccionaremos esta crónica en dos etapas, ya que generalmente se asume que la historia de AC/DC está marcada por la muerte de su legendario vocalista Bon Scott, por más que hayan sido los hermanos Young los líderes y máximos impulsores de la banda, y la llegada de Brian Johnson.

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Malcolm y Angus Young

El grupo AC/DC se formó en en 1973 en Australia, gracias a dos hermanos escoceses, Angus Young y Malcolm. El nombre del grupo, con matices eléctricas, son las iniciales de las palabras inglesas de Corriente alterna y Corriente continua. Cuando el grupo se formó, Angus apenas tenía 15 años, y gracias a la gran calidad de los temas personales que tocaba en privado uno de sus amigos le incentivó a que se subiera a los escenario para dar a conocer sus temas. En esa primera actuación Angus sorprendió a todos por aparecer vestido de colegia, vestimenta que ya le acompañaría en el resto de actuaciones y que tanto le caracteriza.

En 1974 los hermanos Young se trasladan a Melbourne, en donde empiezan a conformar lo que sería el conglomerado del grupo y donde encuentran sus primeras piezas como el batería Phil Rudd y al bajista Mark Evans. Como cantante se les unió Bon Scott, quien ya había participado anteriormente en algunas bandas de pop. Además, Scott aportó a la banda un estilo agresivo de chicos inadaptados que les acompañó a lo largo de su carrera. De esta forma, con la banda ya formada, realizan una gira por Australia, comenzando a trabajar en lo que sería su primer álbum.

En 1975 aparecen en Australia los dos primeros álbumes de AC/DC, titulados “High voltage” y “T.N.T”. Malcolm y Angus, los dos hermanos que escriben la música de la banda, cuentan para estos dos discos con la experiencia de su hermano mayor George Young, quien ya había conocido el estrellato con los Easybeats. También con la instantáneamente reconocible voz de su nuevo cantante, Bon Scott. Al igual que los hermanos Young, Scott provenía originalmente de Escocia y sobre todo tenía una gran experiencia en el mundillo tras haber militado en la boy band The Valentines (no se pierdan a Scott en la parte superior derecha de esta actuación, ¡con blusa de volantes y peinado sesentero!) y en el combo Fraternity (donde también resulta chocante verlo cantando rock progresivo de tintes folkie: disfrútenlo  ustedes mismos).

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Bon Scott en concierto Ac/Dc

Scott, pese a su carácter despreocupado, conocía bien los entresijos del negocio musical y captó inmediatamente el potencial de los hermanos Young, conducidos por una osadía y una disciplina casi militares. Supo que aquellos tipos iban directos al éxito y decidió subirse al carro, aportando la inimitable imagen de canalla portuario que lucía por entonces y sobre todo su increíblemente expresiva voz, más chillona que en sus anteriores bandas. Este disco conocería dos versiones: la original australiana de 1975 y una reedición internacional con algún cambio editado al año siguiente, que probablemente es la que tengan en casa la mayoría de los fans de la banda.

AC/DC era una de las bandas más trabajadoras que ha habido en el rock, se hacian dos y tres conciertos diarios siempre que podían y recorrian la amplia geografía australiana en una vieja furgoneta propiedad de Bon Scott. El intensísimo rodaje en directo les lleva a descubrir que el público responde mejor ante su faceta más rítmica y dura, así que se adentran todavía más en un boogie rock pasado de watios que realmente es música de raíces Rock pero pasada por el tamiz de una muralla de guitarras. El quinteto se completa con el nuevo batería Phil Rudd —una pieza que con los años se volvió irreemplazable— y el bajista Rob Bailey. Aquí, finalmente, sí podemos decir que suenan definitivamente a los AC/DC clásicos y de hecho empiezan a llegar sus primeros himnos inmortales.

Con un fabuloso título, el tercer álbum “Dirty deeds done dirt cheap “ , supone el primer gran salto de calidad musical de la banda. Sus dos primeros discos eran realmente fantásticos, pero en esta publicación parecen sentirse todavía más cómodos en su piel de banda  dura y no dudan en lanzarse a por todas sin reservas, básicamente grabando lo que les viene en gana. Así, suenan más agresivos y macarras que nunca. Por aquel entonces estaban descubriendo que no había banda que pudiera hacerles frente a sus directos — el 99% de las veces se comían a sus compañeros de cartel — y esa confianza se deja ver en los temas del álbum, donde empiezan a experimentar y dejarse llevar por su faceta más desenfadada. El boogie rock tiene una preeminencia incluso mayor, pese a que todo suena más contundente. Existen dos versiones del disco, la original australiana y otra internacional, que varían en alguna que otra canción. Este fue el primer álbum con el que se dejaron oír en Europa.

Acdc-Dirty_Deeds_Done_Dirt_Cheap-FrontalCon la publicación del cuarto álbum supone un nuevo paso adelante. En los trabajos anteriores la banda sonaba compacta, pero ahora empieza a ser como una muralla de sonido infranqueable. Abandonan los tiempos más calmados o las bromas estilo Big balls y se centran únicamente en el boogie rock más duro y directo, que tan buen resultado les estaba dando en sus conciertos. Dicho de otro modo: renuncian a dar matices a sus canciones para que ganen pegada. Así pues, esa muralla de sonido domina todo el álbum… pero a la vez están componiendo algunas de sus mejores canciones hasta la fecha. El resultado, claro, es una bomba.

Lo que realmente les abrió las puertas del éxito fue Highway To Hell (1979), su sexto disco producido por Mutt Lange. Para mucha gente la obra cumbre de AC/DC en su etapa con Bon Scott. Y personalmente estaría de acuerdo con esa apreciación. Sus cinco anteriores álbumes son fantásticos, todos, sin excepción. Pero es que aquí cada canción parece tocada por una varita mágica: diez canciones, diez himnos imperecederos. La fórmula es la de siempre, pero básicamente el nivel es tan alto que perfectamente podría pasar por un recopilatorio con lo mejor en toda la carrera de una banda. Ojo, vuelvo a insistir que los trabajos anteriores no desmerecen, pero en Highway to hell AC/DC rayan la perfección en su estilo. Ninguna otra banda ha conseguido reproducir esta vibración, aunque son muchas las que lo han intentado una y otra vez. Si ya era difícil seleccionar canciones para una lista con los demás trabajos, aquí casi hay que recurrir a lanzar una moneda al aire o sencillamente habría que incluir las diez canciones de golpe. Si usted nunca ha escuchado a AC/DC, este es el disco por el que debería empezar porque aquí los tiene en su esencia más pura. Con este álbum comenzaron a saborear el éxito: el disco fue número ocho en el Reino Unido y lo que es más importante, por muy poco no llegó al Top Ten también en USA. Finalmente estaban recibiendo atención internacional, vendiendo muchos discos… parecían estar al borde de poder llegar a convertirse en algo verdaderamente grande. La sensación es que solamente necesitaban otro buen disco para consagrarse definitivamente entre la realeza del negocio.

Bon Scott bebiendo
Bon Scott

Sin tiempo a penas de digerir su primer gran éxito internacional, la banda pasó por uno de sus peores momentos y fue la de encontrase con la muerte de su cantante Bon Scott. El diecinueve de febrero de 1980, Bon Scott fallecía a los treinta y tres años de edad por causa de una «intoxicación alcohólica aguda», según rezaba el informe médico. Bon terminó muy borracho tras una de sus habituales noches de fiesta en un club londinense, hasta el punto de perder el conocimiento. Un amigo lo dejó durmiendo en el asiento trasero de un coche… con la mala suerte de que su cuello quedó en mala postura, con la tráquea doblada, al parecer asfixiándolo. A la mañana siguiente, cuando fue a buscarlo, Bon seguía exactamente en la misma posición y llevaba horas muerto.

Tras la muerte de Bon Scott casi nadie daba un duro por AC/DC. Porque justo cuando estaban empezando a disfrutar de repercusión internacional gracias al éxito de Highway to Hell, habían perdido a su cantante, Bon Scott, cuya voz, expresividad, imagen y personalidad parecían convertir su sustitución en una quimera. La mayoría de críticos (e incluso muchos apenados fans) veían bastante negro el futuro de la banda; la sensación general era la de «bueno, qué lástima, AC/DC se van a hundir justo ahora que empezaban a consolidarse». Cierto es que se lo habían ganado todo día a día, con una disciplina y una capacidad de trabajo que ya quisieran para sí incluso orquestas sinfónicas. Todo hasta desarrollar un directo imparable y conseguir que la crítica, finalmente, les hubiese alabado casi unánimemente gracias a su anterior álbum. Pero, ¿podrían salir adelante sin Bon Scott? Porque ya entonces la gente comprendía un hecho indiscutible: no podía haber otro Bon Scott. Y era cierto. No lo ha vuelto a haber. Ni lo habrá.

Pero los hermanos Malcolm y Angus Young, líderes del grupo, no pretendían rendirse fácilmente y tirar la toalla tan pronto. Aunque sentían que todos los años de duro esfuerzo podrían irse por la borda repentinamente, se apresuraron a componer y grabar un nuevo disco, “Back in Black “, con la esperanza de que el público no los olvidase y recuperase la confianza en ellos. Hicieron un casting de cantantes para intentar conseguir lo aparentemente imposible, suplir al difunto Bon Scott. Finalmente les convenció un candidato llamado Brian Johnson que parecía un camionero en horas libres recién salido de un pub. No llegaba a los niveles de expresividad de Bon Scott, sin embargo lo que hacía, lo hacía bien. Y sobre todo, Brian consiguió fundir su timbre de voz con el sonido de la banda. Evidentemente su entrada alteró toda la química del proceso, porque era como haber cambiado uno de los ingredientes principales de un plato: nunca va a saber igual. Y durante la grabación reinaba un ambiente de nerviosismo: AC/DC sabían que con aquel disco se lo jugaban prácticamente todo y no estaban muy seguros de cómo reaccionaría el público ante la nueva fórmula.

La primera intención del grupo a la hora de publicar el nuevo disco tras las muerte de su antiguo vocalistar era realizarle un homenaje. Para ello AC/DC pretendía que la portada del álbum fuese completamente negra en señal de luto, haciendo honor así al título del disco («volvemos de negro»). Pero a esta propuesta le surgió un duro opositor ya que la discográfica era reacia al modelo que presentación que querían llevar a cabo: los Beatles podían haberse permitido aquel capricho con el «álbum blanco», pero AC/DC no eran aún tan grandes como para jugársela con una carpeta completamente oscura, lo cual era considerado un veneno para el marketing. Sinlp-vinyl-vinilo-ac-dc-back-in-black-1980-12618-MCO20063608960_032014-F embargo, el grupo consiguió que la portada fuese negra a cambio de aceptar remarcar en color claro el logo de la banda. Sin importar la luctuosa sequedad de su carpeta que tanto preocupaba a los ejecutivos de la compañía, el álbum pronto estaría vendiendo tanto como cualquiera de los Beatles. Resultó que los Young se descolgaron con una colección de canciones verdaderamente impresionante, a cada cual más inspirada, que no tenían demasiado que envidiar a lo que habían hecho en discos anteriores. Así, quienes esperaban que AC/DC no sobreviviesen a Bon Scott tuvieron que asistir atónitos al milagro: el nuevo álbum era una absoluta maravilla.

Sí, ahora sonaban casi como otra banda. La voz era muy distinta y las guitarras resultaban en general menos cortantes, jugando más con armonías y melodías que no se acercaban tanto a la tendencia típicamente boogie. Pero poco importaba el cambio porque Back in Black era total y absolutamente apabullante. El público respondió casi con histeria y AC/DC consiguieron explotar finalmente a nivel mundial: alcanzaron el número uno en el Reino Unido y el número cuatro en EE. UU., además de visitar las partes altas de las listas en muchos otros países. De paso varios de sus anteriores discos retornaron también a las listas (por ejemplo Dirty Deeds done dirt cheap subiría hasta el número tres en América, ¡casi cinco años después de haber sido publicado!). Back in Black ha seguido funcionando casi como una entidad autónoma y de hecho es el tercer o cuarto álbum con más copias vendidas en la historia; según las fuentes, algunos lo sitúan directamente detrás del Thriller de Michael Jackson. AC/DC se transformaron en grandes estrellas de la escena internacional. Habían encontrado la fórmula de la comercialidad: el puente entre su fuerza guitarrera de siempre y unos estribillos más melódicos como los que ya se habían intuido en algunos temas de Highway to hell.

Tras el inmenso éxito de Back in Black, en 1981 retornan con un disco en la misma línea, aunque desde luego no tan bueno. Los nuevos temas no muestran el mismo exagerado nivel de inspiración pero tampoco son desdeñables, así que AC/DC consolidan con facilidad su nuevo estatus como uno de los puntales del negocio musical: alcanzan su primer número uno en los EE. UU y aunque las ventas totales no llegan al nivel de Back in Black, la incertidumbre ha quedado definitivamente atrás. Con su nueva fórmula y sonando muy distintos a lo que hacían en los 70, se encuentran igualmente cómodos. Están reinando en el mundo del rock y el título del disco “For those about to rock, we salute you” es un homenaje a sus millones de nuevos súbditos. La mala noticia es que nunca volverán a grabar algo de la magnitud de Highway to hell, Back in Black, etc. La buena, que aún tienen la capacidad de crear algunas grandes canciones de vez en cuando.

Simon Wright
Simon Wright

En el intervalo de 1985 el grupo parece estancado y ha perdido la capacidad para emocionar con su música de la misma manera que antes. Para colmo se produce un cambio fundamental: el batería Phil Rudd ya no está y su sustituto Simon Wright, aunque técnicamente tocaba en el mismo estilo, carecía de ese punto de groove que Rudd sí tenía (un caso parecido al cambio de Steven Adler por Matt Sorum en los Guns ‘N Roses, donde se perdió un algo indefinible y etéreo pero claramente perceptible en los ritmos y el sonido de la banda). Por su parte, Brian Johnson se ha quedado anclado en el registro más chillón de su voz y por momentos parece casi una parodia de sí mismo, cuando sobre todo en Back in Black había demostrado ser un cantante con mucho más potencial. Al menos yo siempre he echado de menos el que explore más sus registros más graves. En este mismo año salió publicado “Fly on the Wall” del que la crítica se mostró muy despectivo y AC/DC acogió dichas criticas empezando a transmitir cierta sensación de hastío, lo que seis o siete años atrás hubiera parecido sencillamente impensable.

Para tratar de sacarse la espina que tenían clavada tras los malos resultados de su “Fly on the Wall”, en 1988 vuelven a la carga con un nuevo álbum  Blow up your video. La cosa mejora un poco con este nuevo disco, no tanto como para echar las campanas al vuelo, pero sí lo bastante para que los fans tuviesen un cierto respiro. Sin ser un gran disco, que no lo es, al menos representa un ligero paso adelante. Es más variado, lo cual por lo menos alivia la sensación de monotonía. Vende mejor que su predecesor, aunque para entonces la mayor parte de la prensa musical ya le había dado la espalda a AC/DC. Muchos críticos extasiados con el auge de la generalmente insulsa era pop consideraban a esta banda un mero entretenimiento para quinceañeros, olvidando su glorioso pasado de los 70. Aunque la banda tenía su parte de culpa: nunca grabaron un disco indigno, pero lo cierto es que seguían necesitando algo mejor que esto para demostrar que no habían exprimido su fórmula hasta agotarla sin poder volver grandes éxitos como Black in black o Highway to Hell.

Llegando a la época de 1995 reaparecen con un disco repleto de nuevas connotaciones, Ballbreaker. Del cual podemos obtener la buena noticia del regreso de Phil Rudd a la batería, lo

Phil Rudd
Phil Rudd

cual significa que volvemos a tener a la alineación titular de Back in Black y For those about to rock. Otra buena noticia es que la banda ha recuperado su prestigio, e incluso lo ha engrandecido por esa aureola de leyenda que confieren los años. Al contrario de lo que sucedía en la segunda mitad de los 80, el conjunto del legado de AC/DC estaba siendo reconocido casi por todo el mundo, en buena parte gracias al repentino auge del rock guitarrero que se había producido a principios de la nueva década. Casi todas las bandas de la exitosa nueva generación rockera, por no decir todas desde Nirvana a Guns n’Roses, admiraban a AC/DC, así que los australianos vuelven a ser respetables a ojos de la crítica. También hay mucho de mérito propio: gracias a sus espectaculares directos se están convirtiendo en una institución por más que no hayan grabado una auténtica obra maestra desde 1980. Su condición de iconos está extendiéndose al público en general, que nunca les había vuelto a prestar tanta atención desde Back in black, y ahora son más frecuentes las referencias a ellos en cine y TV. El disco es, pues, un éxito. Se nota que Rudd ha vuelto a las baquetas, por ese retorno de unas cadencias que parecían perdidas. Hay también una cierta vocación de combinar la nueva fórmula con un relativo retorno a sonoridades del pasado lejano. Es su disco más de raíces en muchos años y contiene varias canciones notables. Sin ser una obra maestra ni nada parecido, sirvió como buen telón de fondo para el retorno de AC/DC al Olimpo.

blackice1Y llegando ya a nuestros días y transcurridos acho años desde su anterior trabajo, Ac/Dc publica lo que hasta ahora es su último disco Black Ice. En estas alturas de época AC/DC ya es simple y llanamente universal teniendo un público numerosísimo y totalmente entregado en cualquier parte del mundo donde se presenten. Cualquier crítico de rock que mostrase reticencias hacia el legado de AC/DC podía ser considerado una rareza, e incluso los críticos ajenos al estilo tenían que respetar la capacidad de trabajo y la perseverancia de la banda. La misma formación de Stiff Upper Lip (hermanos Young, Brian Johnson, Phil Rudd y Cliff Williams) se encuentra con la tarea no demasiado fácil de continuar el buen sabor de boca que dejó aquel disco. Para ello, curiosamente, recurren a un productor inesperado: Brendan O’Brien, conocido por su trabajo con Pearl Jam, Stone Temple Pilots, Rage Against the Machine.

El resultado ya no hace tanto hincapié en el blues-rock de Stiff upper lip y de hecho se acerca más al estilo de discos como The Razors Edge. Además, el álbum es inusualmente largo, lo cual siempre es una decisión arriesgada porque generalmente lleva a meter más canciones de relleno. Pero lo cierto es que Black Ice es un trabajo más que convincente aunque no todos los cortes estén al mismo nivel. Hay buenas canciones, un sonido impecable… prefiero la faceta más bluesy de Stiff Upper Lip, pero esto es una apreciación personal. El disco fue un bombazo comercial como hacía mucho que no gozaban: fue número uno en muchos países, incluyendo EE. UU., el Reino Unido y media Europa, su Australia natal… y, sí, incluso  también fue número uno durante varias semanas en uno de los países menos rockeros de la esfera occidental. Esto es, España. La gira de presentación, ni que decir tiene, fue un acontecimiento internacional de primera magnitud.

Hasta aquí un superfluo repaso a la larga historia y extensa discografía de AC/DC. Es verdad que no volvieron a grabar ninguna obra maestra desde 1980, y también es cierto (al menos en mi opinión) que con Bon Scott parecían otra banda, más mágica y con más encanto. Pero durante todos estos años sus directos han sido espectaculares y han ido añadiendo, a veces con mejor suerte que otras, nuevas canciones de referencia a su repertorio. Ahora solo nos queda confiar en que sigan vivos y en forma durante unos cuantos años más, porque el día en que ya no estén nadie podrá seguir interpretando todas esas canciones como lo hacen ellos. Pero por ahora nos queda de consuelo que el próximo 2 de diciembre de 2014 tendremos su nuevo albúm en el mercado

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