Cantante y músico británico, fundador del mítico grupo The Beatles, un cuarteto originario de la ciudad de Liverpool junto a Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr y que se ha convertido en una referencia indiscutible de la historia de la música moderna.

John lennon
John Lennon, en una fotografía publicada por primera vez en 2009

Liverpool 9 de octubre de 1940, las bombas alemanas caen sobre la ciudad británica en plena II Gerra Mundial, es de noche y apenas hay iluminación en las calles excepto la luz palpitante de los incendios y la intermitente que se produce de los destellos de las explosiones. Aún así, en mitad de semejante perspectiva, dos hermanas vagan por una ciudad hecha añicos, exponiéndose al infierno que los nazis les están enviando desde los cielos. No les queda otro remedio: una de ellas está a punto de dar a luz y necesitan un médico. Tras un diabólico trayecto más propio de una película de Spielberg, las dos mujeres consiguen llegar al hospital de maternidad de la ciudad. Acaba de venir al mundo uno de los individuos más célebres del siglo XX. Se llamará John Winston Lennon —el segundo nombre es un homenaje al líder de la nación por aquel entonces, el conservador Winston Churchill: dos iconos universales de la historia británica unidos por una curiosa conexión—y en poco más de dos décadas no habrá persona en el planeta tierra con acceso a radios, periódicos que no vaya a conocer su nombre.

John Lennon se caracterizó por ser un personaje incierto, capaz de desubicar incluso a sus más tenaces seguidores por lo complicado y contradictorio que era su personalidad. Y es que sus mismos orígenes son confusos. Su madre apenas ejerció de tal ya que fue aquella hermana que la había acompañado al hospital quien realmente crió al pequeño John. Su padre, un marino desertor, simplemente desapareció de su vida tras su nacimiento. El propio Lennon dejaría constancia de sus sentimientos hacia sus padres bastantes años después en su mítico tema Mother del cual se pueden destacar estrofas como la siguiente:

Madre, tú me tuviste pero yo nunca te tuve a ti.
Yo te quise pero tú nunca me quisiste.
Padre, tú me dejaste pero yo nunca te dejé a ti.
Yo te necesitaba pero tú nunca me necesitaste.
Papá, vuelve a casa,
Mamá, no te vayas.

John Lennon con estilo Teddy Boy
John Lennon con estilo Teddy Boy

Su carácter resultó ser demasiado explosivo como para interiorizar estas heridas y sufrirlas en silencio. Desde muy joven empezó a hacerse notar por su actitud conflictiva hacia las personas que le rodean. Ostentaba una sutil inteligencia que rara vez empleaba en fines constructivos llegando a ser considerado por sus profesores como “un payaso indisciplinado y un molesto rebelde sin causa cuyos efectos en el ambiente escolar eran perjudiciales e indeseables”. Sus compañeros de centro le tenían miedo debido a su carácter agresivo y sus arrebatos violentos. Era ingenioso y carismático, pero no una persona fácil de tratar, y en su adolescencia empezó a vestir como un “teddy boy”, con tupé y chaqueta de cuero, como uno de tantos adolescentes secuestrados por aquella revolución cultural norteamericana que asoló el mundo llamada rock & roll.

John Lennon escuchaba a todas horas las canciones de Elvis Presley, Chuch Berry, Fats Domino por fortuna para él y para el mundo, pudo volcar parte de aquella destructiva energía suya en la guitarra, en escribir canciones imitando a sus ídolos. En todo lo demás, siguió siendo el mismo y completándose con un historial académico de expulsiones y conflictos, una conducta desastrosa y un más que incierto porvenir. Nadie pensó nunca que el joven John tuviese futuro en la música, pero tampoco tenía futuro en ninguna otra cosa. Era un caso perdido. Una secuela más de la gris existencia en una no menos gris Liverpool.

Imagen del grupo completo the beatles
imagen del grupo completo the beatles

Jon Lennon siempre tenía en cuenta que sus raíces eran pertenecientes a la clase asalariada, aunque esta era una realidad sesgada, por no decir una mentira. Quizá era la manera de empastar mejor con sus futuros compañeros en The Beatles, todos ellos procedentes de la auténtica clase trabajadora. Y sobre consideraba que esta filosofía de actuar era la manera de empastar mejor con su propio mensaje ideológico liberal. Fuera como fuera, aun siendo Lennon de clase media en lo socioeconómico —no era de familia capitalista, pero tampoco pasó escaseces— creció también en aquella arisca ciudad portuaria, en un barrio cuyas calles eran una rápida escuela de la vida para un adolescente que las pisara más tiempo del recomendable, como era su caso. Pese a la imagen de buenos chicos que los Beatles empezaron a cultivar por mediación de su manager durante su ascensión al éxito, lo cierto es que siempre estuvieron marcados por su cultura callejera a pesar de tratar de aparentar que eran los perfectos niños de mamá.

Paul mccartney
Paul Mccartney

A Lennon no le costó demasiado convertirse en el cabecilla de los Beatles en lo que eran los inicios del grupo, antes de hacerse famosos. No resultaba sencillo intentar llevarle la contraria, porque su contestación podía ir desde lo meramente irónico a lo físicamente agresivo. Era un tipo duro, y mientras The Beatles fueron algo similar a una pandilla callejera, él siempre tenía la última palabra. Pero cuando las cosas se volvieron más profesionales y el factor estrictamente musical entró en juego, resultó que ya no estaba solo al frente. El destino o la casualidad hicieron que en aquella misma banda se juntasen dos individuos con una facilidad pasmosa para sacarse melodías inolvidables de la manga. Lennon inició una sana competición con Paul McCartney en la composición de las canciones que acabó convirtiéndolos en el cuarteto con mayor presencia del siglo XX, y probablemente de toda la historia de la humanidad. Ambos jóvenes eran conscientes del talento del otro, y por ello firmaban sus canciones como Lennon/McCartney aunque en realidad las componían generalmente por separado. Entre ambos producían la inmensa mayoría del repertorio de la banda y fueron la entidad bicéfala que manejó el timón durante la existencia de aquel extraño milagro llamado The Beatles. Así, si Paul aparecía con She loves you o Can’t buy me love, John hacía lo propio con A hard’s day night o Ticket to ride. Si Paul se descolgaba con el himno nostálgico Penny Lane, John le respondía con Strawberry fields forever. Si McCartney quería sonar en todas partes con Yesterday, Lennon lo hacía con Lucy in the sky with diamonds:

Era imposible competir con una pareja semejante. Su compañero de grupo George Harrison tuvo que sacar lo mejor de sí mismo y resulta realmente asombroso que finalmente lograse ponerse a su altura, no en creación, pero sí en cuanto a la calidad de sus mejores temas. El otro componente del grupo Ringo Starr se resignó a ser reconocido únicamente como instrumentista, porque componer algo al nivel de Lennon/McCartney estaba fuera del alcance de casi todos los seres humanos. Muchos otros artistas de la época se resignaron también a estar a la sombra de los Beatles.

George Harrison y Rringo Starr
George Harrison y Rringo Starr

En menos de una década, los Cuatro Fabulosos de Liverpool –como se les empezó a conocer- incitaron un cambio de arquetipo musical no sólo a nivel popular, sino a nivel de reconocimiento de la esfera artística en bloque, pocas veces visto. Su éxito no tenía comparación y el propio Lennon lo resumió con una elocuente “somos más famosos que Jesucristo”. Lo cual, por otra parte, era técnicamente cierto pese al escándalo que produjo esa cita y que le ganó no poca animadversión entre sectores religiosos. Lennon era consciente del estatus de fenómeno mundial que habían adquirido los cuatro, y pronto fue quien empezó a dar más que hablar debido a lo marcado de su temperamento y a su tendencia a decir las cosas claras.

El éxito que estaban cosechando con todos los temas que publicaban no ayudaron a rebajar el intenso carácter de Lennon y mucho menos para matar sus demonios internos. En su incesante búsqueda de sí mismo despistó a propios y extraños con sus cambios de rumbo a final de los sesenta, embarcándose en guerreras ideológicas que le valieron incluso la enemistad de algún que otro gobierno (especialmente el norteamericano), protagonizando numeritos estrafalarios de toda índole y convirtiéndose en una figura del vanguardismo más esperpéntico junto a su novia intelectual —y después segunda esposa—, la célebre Yoko Ono. El Lennon callejero, quiso reconvertirse en un gurú de la vanguardia. El resultado no pudo ser más desconcertante.

The beatles
The beatles durante concierto Washington, D.C. 1964

Como decíamos, seguía teniendo la calle en él, y su sarcasmo, su impertinencia y su tendencia —reconocida por él mismo— a hablar más de la cuenta le convirtieron una figura que oscilaba entre el santón volátil y el pandillero demagogo. No siempre supo medir sus pasos en aquella época. Él mismo se sintió después avergonzado por algunos de sus excesos y especialmente por la transitoria pérdida de control de su ego. Siempre habló de que su mayor cura de humildad se produjo el día en que tuvo el atrevimiento de encabezar un festival en el que actuaron como teloneros varios de sus ídolos y maestros: Bo Diddley, Jerry Lee Lewis, Little Richard y su adorado Chuck Berry. Después de que semejantes pesos pesados del rock hubiesen calentado al público con su magia y energía, Lennon tuvo los santos redaños de pisar el escenario y ofrecer una muestra de sus desvaríos junto a Yoko Ono, que provocaron una oleada de abucheos en la audiencia. Aquella fue una enseñanza que Lennon no olvidaría nunca, una lección que permitiría emerger al Lennon más legendario e idolatrado, el de los setenta, el de mensajes políticos aún extremistas pero más razonados y mejor presentados, el Lennon que supo finalmente combinar espectáculo y música con mensaje sin caer en experimentos aburridos y absurdos.

Su correlación con Yoko Ono, casi universalmente ultrajada por los fans de los Beatles y de la música en general, le marcó profundamente. No fue una relación idílica caracterizándose por continuos problemas y rupturas, períodos que Lennon aprovechaba para verse con otras ya que precisamente no era un santo. Pero sería absurdo no admitir que John y Yoko se querían, él le dedicó algunas de sus mejores canciones, como Woman, o la eternamente impresionante Jealous Guy, una sobrecogedora canción sobre los celos que fue una de sus obras cumbre. Si tuviera que escoger una única canción de Lennon, esta sería probablemente mi favorita.

En los setenta, mientras el perfil de Lennon como figura pública se había proyectado aún mas y era uno de los individuos que más daban que hablar a nivel mundial. McCartney — el “más musical” de los Beatles — seguía simétrico en su carrera, George Harrison continuaba colgado en los sesenta y Ringo Starr rodaba películas majaderas y sin ningún sentido como el “El cavernícola”. Pero Lennon era el hombre de las convicciones fuertes, el hombre cuyas opiniones eran escuchadas y tenían repercusión. Seguía siendo el Beatle a quien más atención se prestaba, como al principio, cuando eran sólo una pandilla de chavales en las calles de Liverpool. No era un intelectual, por mucho que casi lo hubiese pretendido en ciertos momentos, pero sí era muy inteligente y terminó resultando convincente cuando hablaba de la paz, de la forma en que el mundo era manejado por los poderes establecidos. Era el izquierdista, el feminista, el pro-abortista, el defensor de las minorías, el artista que sin avergonzarse de su condición de millonario hacía lo que podía por enviar un mensaje de libertad, igualdad y fraternidad desde el púlpito que entre todos le habían concedido.

john lennon apoya IRA
Jonh Lennon en manifestación a favor de IRA

Durante esos mismos años setenta, el congeniado matrimonio de John y Yoko se mudó a Nueva York para convertirla en su nueva casa, como hicieron muchos artistas británicos que emigraban a EEUU por cuestiones, sobre todo, de impuestos. Lennon se estableció en la Gran Manzana muy a disgusto de las autoridades norteamericanas, las cuales buscaron cualquier excusa legal para conseguir deportarlo de vuelta a las Islas Británicas, aunque nunca lo consiguieron. Y aquella ciudad era sin duda el nido ideal donde podía establecerse alguien como él, porque allí era donde se estaba cociendo todo y Lennon no estaba dispuesto a estancarse en el pasado. Seguía siendo el más afilado de los ex-Beatles, el que más bordeaba los límites en lo cultural, y seguía calando entre las nuevas generaciones. Nunca fue un personaje cómodo y eso le valió, incluso en vida, algunas admiraciones apasionadas y profundas de una naturaleza que ninguno de los otros integrantes del grupo consiguió despertar. También le valió no pocos odios, pero como decíamos más arriba, Lennon siempre estuvo en guerra con el mundo. Sólo que en su guerra contra el mundo nunca debió verterse sangre, pero ese mundo, por desgracia, está plagado de alimañas.

Y hablando de alimañas, Mark David Chapman debe de ser uno de los individuos más odiados del planeta. Sí, hay gente que ha cometido crímenes incluso peores, pero él se las arregló para tocar una fibra que en cierto modo estaba conectada con casi todo individuo de aquellos años. No fue hasta el 8 de diciembre de 1980, fecha en la que John Lennon y su esposa Yoko Ono, salieron del hoy luctuosamente legendario edificio Dakota, un complejo neoyorquino de apartamentos de lujo, para pasar la jornada grabando música en el estudio. Nada más pisar la calle y aproximarse a su limusina, se produjo el primer encuentro entre Chapman y Lennon. El joven de veinticinco años se acercó a Lennon camuflado entre varios fans que pedían autógrafos a solicitar el suyo propio, situación a la que el cantante atendió amablemente. Poco podía saber el ex-Beatle que acababa de toparse cara a cara con su inminente asesino.

Mark David Chapman
Mark David Chapman en prisión

Tras la hora de cenar, cuando el ex-Beatle y su mujer regresaban a su apartamento, Chapman estaba esperando en el portal agazapado entre las sombras. Allí le había visto el portero de la finca, quien no sospechó nada extraño porque no era raro que también por la noche hubiese fans esperando a Lennon ante el edificio o en el mismo patio. De hecho, el cantante se apeaba de su limusina en plena calle a propósito ya que le gustaba atender personalmente a sus seguidores. Además Chapman era de aspecto más bien inofensivo, así que el portero no concedió mayor importancia a su presencia. John Lennon empezó a caminar por el portal en semipenumbra. Todo sucedió rápidamente, un asesinato rápido, frío y francamente cobarde. Sin mediar palabra, Chapman se acercó a Lennon por la espalda y disparó cinco tiros a bocajarro, de los cuales cuatro hicieron blanco en su cuerpo, causándole severas heridas internas que le provocaron su muerte. Mientras tanto, la policía detuvo a un tranquilo Mark Chapman que no se había resistido cuando el portero del edificio, tras oír los disparos, había corrido hacia él, logrando reducirle y quitándole la pistola. Horrorizado, el conserje le había dicho:

—Pero, ¿tú te das cuenta de lo que acabas de hacer?
—Sí, acabo de matar a John Lennon.

La muerte de Lennon fue un acaecimiento de impacto mundial, cuya consecuencia y efecto sobre el ánimo de la opinión pública es algo que nadie podía haber previsto hasta que realmente aconteció. Muchos actores y músicos habían muerto jóvenes, el propio Elvis Presley había fallecido sólo unos pocos años antes, lo cual había sido también una noticia de alcance planetario. Pero esto era diferente, el que John Lennon, que llevaba tantos años cantándole a la paz, fuese acribillado a tiros en el portal de su casa era un sinsentido, un crimen sin explicación posible.

john-lennon y Yoko ono
John Lennon y Yoko Ono en defensa de la paz

Incluso en los asesinatos tanto o más deleznables de individuos todavía más admirables como el de Mahatma Gandhi o Martin Luther King había ciertas connotaciones políticas que hacían del crimen algo no menos horrible, pero sí relativamente explicable y, en cierto modo, incluso previsible. Eran personas ejemplares, pero que se habían metido en luchas políticas de cuyo peligro eran perfectamente conscientes. Pero, ¿John Lennon? Con todas sus opiniones políticas, no era más que un simple músico. Uno de los más famosos, sí, pero no un verdadero líder político ni la cabeza de ningún movimiento destinado a cambiar un país como lo fueron Gandhi y el respetable Luther King. Era solamente alguien que había escrito canciones que mucha gente asociaba con su propia infancia y adolescencia, con momentos de su vida unidos a aquella banda sonora. Solamente así se explica el shock que produjo el asesinato de John Lennon y el modo en que su figura ascendió casi inmediatamente a los altares.

El mundo pareció mucho menos honesto, mucho más tenebroso después de aquel 8 de diciembre. Nadie salía victorioso con aquel asesinato: ni rivales políticos, ni gobiernos, ni nadie. Incluso el propio Chapman —quien finalmente dijo haber matado a Lennon para “adquirir su fama”— siguió siendo un perdedor, un bicho raro cuya fama consiste únicamente en la infamia de haberle robado al mundo uno de esos pequeños individuos capaces de crear cosas que hacen felices a mucha gente. Lennon se convirtió en otra clase de mártir: el no-político, el hombre cuyo único pecado era la fama. Aquello cambió la vida de muchas otras estrellas.

Para empezar, las de los demás Beatles. De repente, haber sido miembro de tan famosa banda era un factor de riesgo, ya no podían caminar tranquilamente por la calle atendiendo a un público que, en el 99% de los casos, los amaba y admiraba, porque había un 1% de ese público que al parecer era capaz de vaciarte un cargador de revólver por la espalda sólo porque habías sido un

Recuerdo de los fans de John Lennon y de Los Beatles alrededor del mosaico "Imagine" Strawberry Fields
Recuerdo de los fans de John Lennon y de Los Beatles alrededor del mosaico “Imagine” Strawberry Fields

Beatle. Dado que aquel crimen no tenía significado alguno más allá de un absoluto absurdo, ese 99% restante de fans que adoraban al cantante decidieron darle su propio sentido a la vida del cantante. Los seguidores de Lennon, o simplemente todo aquel para quien The Beatles significó algo en algún momento de sus vidas, se resistieron a rendirse ante aquella pérdida de la inocencia colectiva y lo hicieron situando en primer plano las mejores facetas y más brillantes de John Lennon, pero también poniendo de manifiesto que fue una de las pocas estrellas que intentó instituir algo diferente utilizando ese estrellato. Lennon había intentado devolverle al mundo lo que el mundo le había dado a él y lo había hecho a su manera —mejorable a veces, pero ¿quién no es mejorable?— y eso era algo que, tras su sangrienta y paralizante desaparición, el mundo quiso agradecerle.

Por si fuera insuficiente, fue un sujeto complicado e imprevisible, digno de estudio. Era precisamente el tipo de personaje público interesante en el que siempre merece la pena indagar, del que siempre hay algo intrigante que descubrir; la clase de estrella que cada día añoraremos más porque cada día abundan menos. No fue un artista superficial, tampoco “inodoro, incoloro e insípido”, aunque su famoso grupo definió la esencia de la palabra “pop”, él nunca fue un artista poppie. Y no me refiero sólo a lo musical —porque Lennon adoraba el rock & roll y tenía siempre la palabra en la boca— sino a su actitud vital. Nunca quiso ser un personaje blando y vendible. Nunca quiso ser una “estrella amable” ante los medios, ni un producto descafeinado para todos los públicos. Fue un rockero también en la vida: rebelde, contestatario, siempre haciéndose preguntas y cuestionando a la autoridad. No era alguien a quien verías en un reality show manteniendo conversaciones estúpidas sobre asuntos banales. Simplemente era una artista genial de los que la vida nos aporta muy pocas veces. D.E.P. John Lennon.

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