Que los villanos del cine ya no son lo que eran, lo empezamos a descubrir al ver al adorable niño que estaba detrás de Darth Vader en «La amenaza fantasma» y nos dimos cuenta del todo al comprobar cómo las malvadas brujas de Oz y de la Bella Durmiente fueron en realidad seres inocentes y enamoradizos a las que un giro del destino las convirtió en seres maléficos. El señor de todos los vampiros era de los pocos que aún quedaban con su popularidad ennegrecida. Hasta este viernes.

El estreno de «Drácula, la leyenda jamás contada» dota de raíces humanas al chupasangre preferido de Hollywood. El británico Luke Evans es el último de los cientos de actores que se han metido en el papel de este conde transilvano recreado antes por grandes del cine como Bela Lugosi, Christopher Lee, Klaus Kinski o Gary Oldman.

Lo que los espectadores verán en pantalla dista mucho de tratarse de un título de terror clásico. La vuelta a las pantallas del conde atiende más a la vida del personaje histórico que dio origen al mito: Vlad III el Empalador, príncipe de Valaquia. Un gobernante medieval inquieto por conservar a salvo a sus súbditos del avance del Imperio Otomano, que tendrá la oportunidad de acceder a poderes extraordinarios que le convertirán en pantalla en un genuino héroe de acción. Por no faltarle tiene hasta un traje de batalla, con la marca del dragón (dracul, en rumano, sinónimo también de diablo).

«Es una película trágica, realista. Y también una historia de amor», defiende Evans sobre la revisión del personaje en la que se sintió cómodo por no tener que seguir la historia escrita a finales del XIX por Stoker y que, no obstante, incluye su propio descenso a los infiernos: «Es el momento que más miedo da, cuando el protagonista decide rendirse a las fuerzas del mal y convertirse en un monstruo», explica un Luke Evans que, cuando va al cine, solo se asusta con títulos de terror psicológico como «Paranormal Activity».

Drácula ha vuelto, aunque aún no sabemos si para quedarse. Los datos de taquilla de la película al otro lado del Atlántico (ya ha duplicado su coste de producción) hacer prever que a la productor Universal ordene una secuela. Puede que estemos ante el inicio de una nueva saga de películas vampíricas y -quién sabe- tal vez de otros monstruos.

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