Sorpresa mayúscula en el esperado regreso a los escenarios de Joaquín Sabina. Con todo el aforo completo, tras agotarse las 14.000 entradas puestas a la venta en apenas una hora, la expectación era máxima en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid, pero el cantante se ha visto superado por la tensión y no ha podido finalizar el concierto: “Me ha dado un Pastora Soler”, ha asegurado consternado después de cinco años sin pisar un escenario en la capital. Sabina salió pletórico, pero acabó con un sincero “lo siento” y un llanto contenido.

El cantante, que apareció vestido de verde esperanza y su característico bombín negro, comenzó lleno de energía, algo emocionado, con gran actitud y buena voz. Y comentó que llevaba varios días cuidándose mucho para este concierto. Pero a los 40 minutos, aproximadamente, surgieron los problemas. Sabina bajó del escenario y dejó el protagonismo del micrófono a su colaborador Jaime Asua. A éste le siguió, también en solitario, Pancho Varona.

Cuando volvió a aparecer en escena, esta vez con bombín blanco, el cantante de Úbeda habló del miedo escénico, explicó que los nervios por actuar en Madrid le habían pasado factura hasta el punto de tener un vahído. Y admitió que había sufrido un “Pastora Soler”, a la que recordó con cariño y definió como “gran artista“.

Sabina se refería así a la confesión reciente de la cantante sobre el miedo escénico que la asalta cada vez que tiene que enfrentarse al público y que le ha obligado a retirarse, al menos temporalmente. El cantante ha sufrido esta misma experiencia esta noche y ha tenido que marcharse ante la conmoción de sus fans. “Hoy, por exceso de ganas de estar bien delante de mi gente de Madrid, me acaba de pasar llegando a cosas feas un Pastora Soler“.

Y entonces el concierto cambió. Desde ese momento Sabina continuó la actuación sentado en un taburete, cantando y contando, como sólo él sabe hacer, pero la energía era distinta. También su gesto había variado, mucho más serio que al principio y con un rostro más pálido.

Hizo esfuerzos por continuar y logró alargar la cosa y mantener a un público entregado durante algo más de hora y media. Hubo tiempo para aplaudir el esperado ‘19 días y 500 noches‘, para arrancarse por Chavela Vargas, para rendir un sentido homenaje a la ciudad con ‘Yo me bajo en Atocha’ y para presentar con toda la poesía y los honores a su banda.

La última canción que ha tocado ha sido ‘Y nos dieron las 10’. Antes de entonarla ha advertido que ésa iba a ser la última. “No va a haber más. No me encuentro nada bien. Lo siento”. Al acabar se ha levantado y ha bajado llorando del escenario. Sus músicos han ido rápido tras él. Uno de ellos, con falda escocesa, ha abandonado con un gesto de perdón hacia el público, que se ha mostrado dividido con el abrupto final. Algunos gritaban “tongo, tongo”, mientras que otros les mandaban callar y pedían comprensión.

Pero todos se preguntaban qué pasará el próximo martes 16, día en el que el cantante tiene su segunda cita en el Palacio de los Deportes. Según ha explicado su representante José Navarro Berry, Joaquín Sabina se encuentra “muy bien” después de haber dormido toda la noche, quien además ha recalcado que se mantiene el concierto.

Por último, el representante de Sabina ha expresado su preocupación al admitir que se trata de algo “mental”, por lo que no se puede predecir su reacción. Pero mantiene tanto el concierto del martes en Madrid como los de los días 22 y 23 de diciembre en el Palau Sant Jordi de Barcelona.

Desde Viva La Música queremos lanzar nuestro apoyo a este pedazo artista y esperamos que tenga una pronta recuperación para seguir disfrutando de él sobre los escenarios españoles.

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