La originalidad, dijo Gaudí, consiste en retornar al origen, una vuelta a la simplicidad de las primeras soluciones que, coronando una de sus rimas más célebres, Dani Macaco lo llamó “andar hacia el saber”. Acostumbrado a predicar con el ejemplo, el artista barcelonés lleva años en ese camino, buscando el principio de la canción, asimilando sus fundamentos, avanzando imparable en dirección a su génesis.

Asumiendo con una pasmosa naturalidad la excepción del equilibro perfecto entre tradición y vanguardia, el nuevo álbum de Macaco es una experiencia que acuña sus propias coordenadas de espacio y tiempo. Llendo del Mediterráneo al Caribe, o mejor, a los Caribes porque aquí en su nuevo álbum se adivina el eco del rocksteady y el mento jamaicano, de la rumba y la guajira cubana, de la tonada venezolana, la habanera catalana y la cumbia panamericana. Cuenta Dani que, durante el proceso de grabación, imaginó la venerable figura de un viejo músico folk aprendiendo de su nieto la fulsión del rock y la rítmica del hip hop.

Producido en la fiel complicidad de Jules Bikôkô y Roger Rodés “Ferrero”,  Historias Tatooadas tiene mucho de exaltación. Si en lo musical, confirma una personalidad libre de todo cliché, en lo literario representa un verdadero punto y aparte. El Dani Macaco que debutaba en el mundo del negro sobre blanco con Amor a lo Diminuto (Mondadori, 2012) demuestra aquí su fascinante madurez como escritor. A partir de la exacta proporción entre canciones de amor y de lucha, inventa personajes desde la realidad –el retablo en Hijos de un mismo Dios- y desde una abstracción hedonista (Dancing Man) o rabiosamente romántica (Good Morning, Soledad).

Sin abdicar de su probada capacidad para el himno con estribillo a seguir, el autor se acerca al ideal poético expresando emociones complejas con palabras sencillas. Para muestra, “Volar”, que desafía a la gravedad con la batida de un estándar de los años cincuenta resucitado tras medio siglo de criogenia, “Coincidir” o la preciosa “Gástame los Labios”.

En definitiva, la narrativa de “Historias Tatooadas” deja huella. Convencido de que el repertorio de Dylan, Serrat o el eterno Gato Pérez son equiparables a cualquier otro candidato al Nobel, Dani Macaco extrema el cuidado de los textos y entrega una obra mayor. Su disco más universal es también el más íntimo, comenzando por su madre, que recita el movimiento de apertura, todas las colaboraciones externas se inscriben en su círculo familiar. Contiene los mejores versos de su carrera, regala imágenes de conmovedora plasticidad y, arrancándose por “solerías” o enarbolando la bandera del compromiso social, le inscribe en la liga de los trovadores que, con la aguja de su voz, dejan en el oyente una marca indeleble.

El disco puede ser resercado en las páginas web de Fnac  y El corte Ingles.

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