Tras el estreno de la segunda temporada de ‘True Detective’ la cabeza de Nic Pizzolatto estaba más solicitada que la de Spielberg. Los más apocalípticos y cagaprisas enseguida sacaron el cuchillo y afilaron sus predicciones indicando que si la primera temporada era mucho mejor, que si la segunda es muy convencional, que si el reparto no funciona, que si se nota mucho la falta de Cary Fukunaga en la dirección…

Llegados a más de la mitad de la serie ya lo podemos decir y es que ‘True Detective 2’ no tiene el atractivo visual y la capacidad de seducción de la primera, cierto, pero aun así es una serie policiaca notable, una mezcla eficaz entre el espíritu y los ambientes de ‘The Wire’  y los recursos dramáticos de la tragedia griega.

Pero… ¿Qué ha ganado y perdido ‘True Detective’ en esta segunda temporada?

Ha ganado…

1) Agilidad narrativa. Pizzolatto ha rebajado la carga filosófica y literaria de la primera y ha reducido su complejidad argumental obteniendo como resultado: una ficción negra clásica; un relato lineal, muy fluido, sin fracturas temporales, donde se aprecia un mayor equilibrio entre el desarrollo de los personajes y el de la investigación policial, incluyendo muchas más ramificaciones políticas y sociales.

2) Diversidad de personajes. Hay cuatro protagonistas: tres policías (dos hombres y una mujer) y un mafioso. Todos ellos unidos, como es habitual en Pizzolatto, por un pasado tormentoso y un sentimiento trágico de la vida. Tanto la detective (Rachel McAdams) como el policía motero (Taylor Kitsch) son, por ahora, los personajes más prometedores y novedosos.

3) Concreción dramática y estilística. Pizzolatto se deja de florituras y va al grano: diálogos filmados en primeros planos y profusión de tomas áreas (las autopistas de Los Ángeles) que funcionan como recurso expresivo y signo de puntuación.

Ha perdido…

1) Impacto visual. Estéticamente ‘True Detective 2’ es mucho menos atractiva y evocadora que la primera. A pesar de que los títulos de crédito van en la misma dirección, la atmósfera de la serie no está tan conseguida, no tiene el mismo poder de sugerencia.

2) Rust Cohle. Ninguno de los cuatro protagonistas es capaz de provocar algo parecido a lo que supuso la aparición del personaje interpretado por Matthew McConaughey. Pero, claro, un icono de la ficción televisiva de este tamaño no se crea todos los días.

3) La música. La canción ‘Nevermind’ de Leonard Cohen no tiene el mismo efecto –evocador, hipnótico, inquietante- que el ‘Far From Any Road’ de The Handsome Family. Las melancólicas canciones de la lánguida Lera Lynn funcionan mucho mejor, pero sus apariciones cantando en directo en el decadente bar donde Ray Velcoro y Frank Semyon hacen negocios resultan un poco redundantes y bastante forzadas. No alimentan la atmósfera, mas bien la saturan.

En realidad, mas que comparar, lo mejor para disfrutar de esta segunda temporada es verla como un relato completamente nuevo, como si fuera una novela negra perteneciente a una colección de libros escritos por el mismo autor llamados ‘True Detective’.

La del año pasado era una obra maestra. La de este año, por lo que llevo “leído”, una novela estupenda.

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