Su nombre seguramente no es conocido por muchos de vosotros, pero os podemos asegurar que es una triunfadora en la música pop: ha escrito un buen porcentaje de las canciones que han estado en lo más alto de los ranking del mundo en los últimos tiempos. Las has escuchado en boca de Katy Perry, Britney Spears o Rita Ora. Ahí es nada.

Ojeando el otro día medios estadunidenses, me encontré con un artículo de la Forbes en el que se explicaba su carrera y cómo puede ser un ejemplo de trabajo duro y de saber recuperarse cuando las cosas no van como uno desea, pese al talento. La prestigiosa revista lo enfoca, como suele, desde el punto de vista del negocio, pero también tiene su punto de reportaje sentimental y humano.

Y es que Bonnie McKee tiene una verdadera historia. De las que gustan en EEUU (y en el resto de Occidente por extensión). Podrían hacer una biopic comercial con ella (depende como termine su historia, por supuesto).

Nació en California pero se crió en Seattle, en 1984. Empezó muy pequeña a tocar el piano y con clases de canto, lo que le acabó llevando a formar parte de un gran coro local con el que tuvo la oportunidad de irse de gira por Europa, e incluso llegó a actuar en el Vaticano.

A los doce años, su madre grabó un CD con la voz de su hija haciendo featurings de cantantes como Bette Midler o Fiona Apple, y se la dio a un conocido suyo que trabajaba de productor. Supongo que se quedó pasmado, pero aún así la retó a que fuese mejor. Se dice que le contó que cantaba realmente bien, preguntándole después: “¿Pero qué hay de escribir canciones?”. Y ha saltó la chispa: se puso a componer.

No se le debía dar nada mal porque a los 15 ya escribía canciones como churros, hasta que la descubrió uno de los productores del momento que se la llevó a Los Ángeles y empezó a moverla por las majors. En cuestión de unos meses firmó con la Warner uno de los contratos más jugosos que se le han hecho a un cantante “nuevo”.

Por el momento la historia se plantea idilica y casi aburrida, pero más lejos de la realidad. En 2004 le pagaron una gran cantidad de dinero por un disco super-producido, con una gran campaña de marketing y demás extras. En cuanto a críticas fue bien, y el vídeo fue emitido en la MTV y VH1 a bombo y platillo. Pero no lo compró nadie, al menos no tanta gente como esperaba la productora. No igualó las expectativas, así que hicieron lo que se suele en este mundillo: la echaron y la metieron en el cajón del olvido.

Ese momento también es muy de film estadunidense.  Bonnie McKee, según veía que su carrera se iba al traste, empezó a ser vista con frecuencia por los bajos barrios de su ciudad en busca de droga y se le solía ver con malas compañías que le llevaron a hacer numerosas gamberradas. Una de ellas fue pintar con lápiz de labios el coche del presidente de su compañía con nocturnidad y alevosía.

Por lo que narran varias entrevistas (se repite un poco, he de decir), el palo fue tremendo. Imagina: una vida luchando y trabajando para ser una gran cantante y compositora, que te regalen los oídos con piropos (un talento extraordinario, y qué voz!). Sueña con ser profesional y de pronto lo cumple, mucho antes de lo esperado. Pero entonces todo se derrumba y quién sabe por qué, su carrera se detiene. La dejan tirada. Y ella se queda aun peor.

Después del fiasco, y de pensar en dejar la música, volvió a la senda del trabajo musical, pero en su faceta más tapada: la de compositora de canciones. Se encerró a escribir temas y a aprender a usar la herramienta de composición músical Pro Tools. Otra vez resurgieron las musas, porque fue llamada para trabajar con dos de los productores y hitmakers más grandes del planeta: Dr Luke y Max Martin

Corría el año 2006 (22 años) y comenzaba una nueva etapa en su vida. Estaba en el dream team de los compositores de éxitos, y cumplió sobradamente con su trabajo. Tanto, que en el periodo entre ese año y 2013 colaboró en la letra y música de números uno como California Gurls, Teenage Dream, Last Friday Night (T.G.I.F)Wide Awake o Part of Me de Katy Perry, en el Hold It Against Me de Britney, el Dynamite de Taio Cruz o el How We Do (Party) de Rita Ora. También, en álbumes como Trespassing de Adam Lambert o en canciones para otras promesas inglesas o americanas.

Llenó sus estanterías de premios y reconocimientos, y por fin fue feliz. Pero ella quería más, y reunió ganas en 2014 para comenzar de nuevo a trabajar para sí misma. Firmó con Epic para su segundo álbum, quería resarcirse de su anterior batacazo, pero su ángel de la guarda la había abandonado de nuevo. No se sabe muy bien por qué razón, pero tras lanzar un primer single y vídeo, todo se fue atrasando y aunque lanzó sencillo y medio más, acabó rompiendo de nuevo el contrato. La suerte no acompañaba a esta suerte de American Girl:

Es de admirar, Bonnie sigue luchando hasta el mismo día de hoy. Se quitó a la industria de encima y empezó a labrarse su propio camino, sin imposiciones creativas ni de marketing. Hace lo que quiere y como quiere. Ya no intenta ser una superestrella (o sí, quién sabe). y ha lanzado hace poco, por su cuenta Bombastic. Aquí puedes ver el vídeo.

En España no se ha hablado mucho de ella, pero merece la pena echarle un ojo. Tiene virtudes de otras estrellas que sí pegan mucho aquí y defectos de otras tantas, y no se la ve peor que muchas estrellas que pueblan el cielo discográfico mundial. Además, compone temazos, y seguro que en directo canta mejor que algunos de los artistas del momento, que son conocidos por sus colores y tonos, y también sus desafinos, gallos y trinos.

Y colorín colorado, este cuento (casi interminable) se ha acabado. Hasta el momento: veremos como termina la pelicula de su vida. Un ole por Bonnie McKee.

Compartir

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

*