La película de Rocky Balboa proyectó a la fama a Sylvester Stallone en el año 1976, quien no dudó en retomarlo en hasta seis ocasiones más. La última de ellas, era la crónica anunciada de la despedida definitiva de este púgil del ring de combate. Sin embargo, el anuncio de que había aceptado hacer ‘Creed: La leyenda de Rocky’ me llamó poderosamente la atención, pues no tenía ninguna necesidad de poder estropear su legado cediendo el control de su creación más querida a otra persona. De hecho, Ryan Coogler necesitó varios años para conseguirlo.

Golpe directo de buen cine

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El hecho de relanzar una franquicia cinematográfica en un remake más o menos encubierto se está convirtiendo en la nueva moda de Hollywood y ‘Creed: La leyenda de Rocky’ es un nuevo ejemplo. Sin embargo, hay muchos datos que ayudan a que el film que nos ocupa encuentre su propio lugar en vez de limitarse a ser poco más que una repetición de la primera película de la saga ‘Rocky’.

El dato más llamativo está en el dibujo de su protagonista, ya que la personalidad de Adonis Creed difiere de forma notable de la de Balboa. A priori puede parecer un detalle menor para algunos, pero lo cierto es que da otra dimensión dramática al relato, ya que su determinación para ser el número uno es algo que supera la educación que ha recibido. Simplemente lo lleva en la sangre, pero él no quiere aprovecharse de su nombre para lograrlo.

Eso es algo que el guion de Coogler y Aaron Covington sabe reflejar muy bien con una única excepción, ya que la trama romántica que se incluye carece de la fuerza del resto del relato. No es que llegue a ser una verdadera molestia y además es necesario para dar mayor profundidad al protagonista, pero sí que se percibe un bajón cuando la película se centra en ello porque ahí no logra trascender el tópico.

 Salvando ese detalle, ‘Creed: La leyenda de Rocky’ sí que tiene la fuerza y la claridad de ideas necesaria para atrapar al espectador primero con el viaje de Creed y más tarde con el de Balboa. Es inevitable que en parte se deba a la fuerza de la nostalgia, pero Coogler sabe lo que quiere contarnos y cómo hacerlo. Esa seguridad se transmite, brillando en escenas puntuales y destacando por su consistencia.

El poderío de Jordan  y el arrojo de Stallone

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Durante la película destaca e incluso sorprende el arrojo de Stallone para mostrar las emociones más arraigadas de Rocky, desnudándose dramáticamente y aceptando con orgullo su rol como el encargado de pasar el testigo a una nueva generación. No obstante, su buen hacer tampoco brillaría tanto de no ser por la buena química que muestra con Michael B. Jordan, consiguiendo primero establecer una buena dinámica entre ellos, casi podría decirse que Creed tiene que conquistar a Balboa, y lo cierto es que ese es otro de los motivos por el que su verdadera trama romántica muestra síntomas de debilidad para luego atraparnos con la batalla que cada uno de ellos ha de luchar.

Una amistad desde el respeto mutuo que ayuda a que Jordan no tenga que sostener de forma exclusiva el peso dramático del relato, algo que es cierto que se muestra perfectamente capaz de hacer durante los primeros compases, ya que derrocha energía y ganas de triunfar. Sin embargo, la adición de Stallone ayuda a encauzar esa fuerza y a que Jordan diversifique su interpretación, dejando ver tanto su lado más vulnerable como esa determinación propia de los campeones.

En definitiva, ‘Creed: La leyenda de Rocky’ no es una película objetivamente nueva, pero sí que es lo suficiente diferente a la primera entrega de la franquicia como para conquistar tanto a nuevos espectadores como a aquellos que conozcan la saga y hayan disfrutado de ella con más o menos intensidad.

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