El 4 de febrero de 1966 se abría una de las puertas más míticas de la televisión en España y, con ella, comenzaba una serie que ha cautivado a multitud de generaciones: ‘Historias para no dormir’, que cumple 50 años y que fue lanzada en DVD el año pasado.

Dirigida por Narciso (Chicho) Ibáñez Serrador, uno de los grandes referentes de nuestra televisión y el cine (‘Historias para no dormir’, ‘Un, dos, tres…’ y ‘¿Quién puede matar a un niño’) y rodada en los estudios del Paseo de la Habana de RTVE (donde se gestó ‘Estudio 1’), fue un salto delante de calidad en el medio de aquella España que se sacudía la caspa todavía. Tal y como indica el estudioso de cine de terror y fantástico Ángel Gómez Rivero: “Fue un proyecto de serie televisiva que continuó a otra serie hermana de título Mañana puede ser verdad, y experimentaba con fórmulas ya trabajadas en la etapa argentina de Chicho, bajo el título de Obras maestras del terror”.

Historias-dormir_MDSIMA20160205_0059_9En realidad Serrador imitó al más grande, a Hitchcock y su celebérrima ‘Alfred Hitchcock presenta…’ que se emitió entre 1955 y 1962, un modelo fundamental de la televisión unida al thriller o el terror. Parafraseando a Isaac Newton, Serrador “se subió a hombros de gigantes” para lograr que su producto llegara bien lejos. Creó una serie con introducciones breves llenas de humor negro que daban paso luego a los capítulos. Al final sus prólogos fueron tan famosos como el propio episodio. En ocasiones incluso más. Según Gómez Rivero, Serrador era un fan incondicional de Poe al que “robaba” argumentos y los adaptaba a la televisión, firmando con seudónimo (Luis Peñafiel) y dejándole en la mente a los españoles historias que de otro modo no habrían conocido. También bebió de Henry James o Guy de Maupassant para cimentar la serie.

Para una época donde la censura no daba tregua, cuando los medios reales de RTVE eran bastante limitados, fue todo un prodigio que entre 1966 y 1969, y luego en 1982, Serrador consiguiera crear una dinámica tan especial y renovadora. Episódica y donde cada capítulo es casi una pequeña película en sí misma, influyó en muchas otras obras posteriores y le convirtió en uno de los mejores realizadores que haya tenido la televisión. Que regresara en el 82 en color sólo fue el culmen y el reconocimiento a la serie. La serie tuvo en el equipo a gente como el padre actor del creador, Narciso Ibáñez Menta, además de Estanis Gonzáles y José María Caffarel. El jefe de decorados fue Fernando Sáenz con inspiraciones que iban desde la iconografía gótica de Poe a los dibujos de Antonio Mingote. Y la música, una composición propia de Waldo de los Ríos, otra celebridad de la época.

 

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